viernes, 23 de marzo de 2012

Una costumbre sana

Comparto con todos un cuento más, uno de la colección ´´Manténgase fuera del alcance de los niños´´
Una costumbre sana
Patricia fue la primera en reconocer el vozarrón.
-Mierda, justo ahora-dijo, con evidente desagrado.
-¿Va a entrar?-preguntó Marta, limpiándose las lágrimas.
-No lo dudes. Límpiate bien, pendeja.
-No entiendo, Patri, no puedo entenderlo.
-¡Deja de llorar, maricona!
-¿Maricona?
-Es la costumbre.
-¿Qué?
-Recuerda que en mi oficina sólo trabajan machos.
-Machos, claro. ¡Machos!
-¿Quieres calmarte?
-Fresca, voy a calmarme, ya estoy calmada.
-Límpiate bien.
-Eso hago. ¿Entró?
Acababa de entrar: se ajustó el nudo de la corbata, se pasó la mano por el pelo, se miró los zapatos…
-¡Tan artista el huevón!
-Siempre ha sido así, Patri.
-Va a jodernos la paciencia. Como si estuviéramos para chanzas.
-Me pregunto…
-Cállate que ya lo tenemos encima.
Muy cierto:-¡Bonito fogaje!-exclamó, acercándose a la mesa-Bonito, bonito; el mundo se está prendiendo.
-Quiubo, Iván, cómo andas.
Iván, la mano en el bolsillo, miró a una, luego a la otra, lascivo, como siempre. 
Un besote para Patricia:-Cómo está de linda la doctorcita Patri, ¿ah? Juancho es un suertudo, qué injusticia.
Un besote para Marta:-¿Y a la ingeniera Moré que se le puede decir? Que es una reina, un bombón. ¿Cómo es que se llama el tipito ese que te administra los negocios? Se salva de la cornamenta porque es mi primo, te lo confieso.
Lo dicho, ¡qué lata!
-Bueno, mejor me acomodo. Con el permiso de ustedes, obvio.
Se sentó, haciéndose el pensativo. ¿Dándoles a entender que había puesto la mente en los dos huecos que tenía al alcance de la mano? Sin duda.
-Oigan, todavía andan de cinéfilos sus señores, ¿ah?-dijo luego.
Las dos mujeres se miraron en silencio.
 -¡El par de intelectuales!-prosiguió Iván-Ayer mismo los vi en ésas. Y a que no adivinan,  tuvieron la osadía de invitarme a la función.
-¿Sí?
-Como oíste, Marta. ¿Por qué te extrañas?
-Por nada-dijo Patricia-. Se le salió.
-¡No me digas!
-Basta, huevón.
-Tranquila, Patri, deja que Marta me lo explique.
-No tiene nada que explicarte.
-Okey, okey, no ha pasado nada. ¡Le tengo miedo a tu lengua, Patricia!
-¿A mi lengua?
Iván intentó reír.
-Mejor no. Se me ha ocurrido un chiste pero mejor no lo digo.
-Haces bien.  
-¡Caramba! Qué pasa, señoras, ¿quién estiró la pata? Hablaría de consolarlas pero… Ay, amigas mías, toca disfrutar la vida, miren que el mundo se está prendiendo. ¡Qué fogaje! Ya no luce eso de “estoy caliente”…
-Cómo eres, Iván, no cambias.
-¿Yo? Para qué, Patri. ¡Despierta, Marta! ¿Qué tiene mi reina? ¿Qué le duele?
-Nada, Iván; sólo estaba pensando.
-En quién, ¿en Edgar? ¡Olvídate de ese miserable!
Marta no pudo aguantarse…
-¿A dónde va ésa, Patri?
-Al baño. Anda mal del estómago.
-¿Del estómago? ¿No estará…?
-¡No, hombre, cómo se te ocurre!
-¿Por qué te extrañas? Edgar me dijo la otra vez que él quiere encargar el varoncito, para que la niña no se sienta tan sola.
-¿Eso te dijo?
-Ajá. Pero cuéntame, ¿qué hacen las dos amiguitas en un sitio como éste?
-Pasábamos y… como hace tanta calor.
Iván le echó una ojeada a las botellas.
-Qué fue primero, ¿el jugo o la cerveza?
-Ay, Iván, no te pongas pesado.
-¿Te estoy molestando, linda?
-No me pares bola. Dime, ¿caes muy seguido por aquí?
-Bastante. Por lo general a esta hora; suelo tomarme un par de cervezas antes del almuerzo. Juancho dice que es una costumbre sana.
-Una costumbre sana, ¿eh?
-Qué pasa, ¿no te suena?
-Me suena, claro. Juancho también frecuenta mucho este sitio, ¿ah?
-Los dos amiguitos. En el Instituto, aquí cerquita, presentan películas todas las semanas, de esas películas que le gusta ver a la intelectualidad, tú sabes.
Patricia se levantó, bruscamente.
-¿Dije algo malo, mi vida?
-Voy a ver cómo sigue Marta.
-¿Y yo qué?
¿Un beso para Iván? No; no era necesario.
-Anda, pide tus cervezas.
-¿Esa es tu despedida, Patri?
-Sí; y te he dicho todo.
-¿Todo? ¡Quién entiende a las mujeres! Por eso es que el doctor Iván no se casa. Jamás me casaré. ¿Te suena eso, querida? ¡Hey, espera!
Patricia se encaminó hacia el pasillo; el baño de las mujeres estaba al fondo, bastante alejado, por suerte, del de los hombres. La damita de la sombrilla le dio la bienvenida. Entró. Marta estaba plantada frente al tocador. ¿Qué esperaba encontrar en su rostro? O, más exactamente, ¿qué esperaba encontrar en su rostro después de haberse lavado la cara?
-Oye, tenemos que irnos-indicó Patricia.
-Pienso y pienso pero sigo sin entender.
-¡Es que no vamos a entenderlo, carajo!
-Las cosas siempre tienen una explicación, Patri-dijo Marta, volviéndose.
-No me digas que estás sintiéndote culpable. ¡Reacciona, mujer!
-Tengo que contarte una cosa.
-¿Vas a hablarme de Iván? Te impresionó el muy huevón o qué.
-Iván es un pendejo. Verás, hace un momento, cuando venía para acá, me pasó algo curioso. Un tipo estaba en medio del pasillo, atendiendo una llamada; apenas me vio se puso a morboseárme, toda, descaradamente. ¿Sabes por qué no lo insulté? Porque me sentí bien. Chévere que el tipo se portara así y que en su pensamiento me hiciera quién sabe qué clase de porquerías.
-Chévere, claro. Es necesario que tomemos una decisión, Marta.
-Yo no pienso volver al apartamento.
-¿Te estás olvidando de la niña? Mira, salgamos de aquí. Tenemos que seguir hablando, pero no creo que este sea el lugar indicado para hacerlo. ¿De qué te ríes?
-Me recordaste a mi profesora de Comportamiento y Salud; le chocaba que sus alumnas armaran corro en el baño del colegio. Era tesa la vieja.
-Ya. Pero ojo, yo hablaba de irnos a otro lado, ¿entiendes?
-Okey, vámonos.
Estaban a punto de salir cuando Patricia descubrió el graffiti, en la puerta de uno de los retretes: “De cierto os digo: Probad el culo de la Baldiris y veréis el cielo al final del túnel”, leyó de reojo, andando. Luego, se animó a sonreír, pensativa.
-¿Qué pasa, Patri?
Patricia se detuvo:-Acabo de acordarme de un letrerito, Marta-dijo, sonriendo aún-, de un letrerito que vi en cierta… en el colegio, en el baño del colegio. Sí, allí, allí fue.
-¿Qué decía?
-¿Que qué decía?
Patricia guardó silencio un instante. Luego recitó: “Ya visteis, Rosa,  tanto insistí y le di  y le di que al final por vuestro culito me fui… de paseíto me fui…
-Vaya rimas.
-El poema tenía su dedicatoria y todo, Marta: “Gracias, mi adorada todera”, decía.
-Conque la Todera.
-“Seguro que el muchacho bautizó así a la muchacha al finalizar su exploración”, nos dijo el profe de Comportamiento y Salud.
Marta intentó sonreír.
-Me parece… Ay, Patri.
-El profe vio el letrerito, y no paró ahí, lo analizó, como era tan abierto. Llegó a una conclusión: “Una costumbre sana, ¿eh, señores?”, le dijo a los muchachos, mirándonos de reojo, haciéndonos un guiño.
Marta guardó silencio un instante.
-Ay, amiga-se limitó a decir luego.
-¿Qué quiero creer?-prosiguió Patricia, andando-Quiero creer que la película que tanto nos espanta es de sexo, sólo de sexo… ¿Por qué me miras así? ¿Qué vas a decirme, Marta?
-Nada.
-Dilo, pendeja.
-Es una ocurrencia…
 -Te escucho.
-…una pregunta que podríamos hacerle a Iván: ¿Les gustan las películas de sexo a los intelectuales?
-¡Qué mierda!-exclamó Patricia.
Fin








lunes, 23 de enero de 2012

Comparto con todos Dos cuentos algo guarros...

Piecita de museo
Aclaración: El presente relato está basado en hechos reales, demasiado reales, quizás.
I
Entiende, le dije a Silvia, preocupado por el oído biónico de la vieja Clara, hay cosas que no se deben contar.
-¡No me vengas con esa historia!-exclamó rabiosa.
-Bueno, que no se pueden contar-proseguí, pensando en ciertos literatos.
-Me extraña que tú digas eso, Quiroz-indicó entonces-. ¿Ya no quieres ser García Márquez?
Qué cosita. ¿Había dicho yo algo así? ¿Se merecía mi venganza la vergaja? Sí; ¡aquello!
-Dijo el poeta: “Desde su cuarto, contiguo al mío, la hermosa doncella…”
-¡Tramposo! ¡Eres un tramposo, Quiroz!
II
Ya en la habitación de su amada…
-No te hagas el boquiabierta.
-Es romanticismo puro, Silvia, reconócelo.
-Cuenta, Quiroz, ¿sí?
-Pero mira, mujer, estoy comportándome como todo un bardo.
-Como todo un sonso, ya te lo dije. ¿Quieres que te eche?
-¿Serías capaz?
-Muy capaz.
-Bueno, enciende la luz.
-¿Estás loco? Podría aparecerse mami.
-Anda, Silvia, aunque sea la lamparita.
-¿Acaso el cuento es de terror? ¡No seas payaso!
-Quiero verte la cara, esa es la verdad.
-Lo dicho, voy  a tener que echarte.
-Ya me echaste: ¡Pobre poeta!
III
-Va, pues, te cuento tu historia.
-Espérate, déjame acomodarme.
Se acomodó.
-Ahora sí: soy toda oídos.
¿Oídos? La vieja Clara solía ocultarle su bebita a los mirones: Nació bien despachadada esa niña, ¿ah?, le había oído decir a uno de ellos, ¡qué cosota, madre mía!
-Suelta, Quiroz, no seas tan vivo.
-Pero mira, te sienta bien.
-¡Suelta!
-Okey, paso a paso. Empiezo: la protagonista es Dorita, y el galán Neville.
-Que yo sepa Neville no es paraco.
-A Dorita la convence ahora cualquier cuatropuertas, cómo te parece.
-¿Vuelves con la necedad, Quiroz? Quita la mano, quítala o verás.
-Sigo: Dorita, que había empezado a tirar lance desde las cuatro, vio llegar al parquecito la platinada de Neville… ¿Se detendría el muy bandido a saludarla? Decidido: él que le estiraba la mano y ella que le hablaba del jean.
-¿El alboroto se armó por culpa de un pantalón?
-Te puedo decir que el alboroto empezó en “La Factor X”, de ahí saltó al hospital.
-¿Al hospital? ¡Suéltame, Quiroz! Me vuelves a tocar y ya sabes, estás advertido.
-Tranquila, Silvia. Pero deja de interrumpirme, ¿okey? Quiero terminar, tengo apuro. Oye tú, para bola: “Conque un jean”, le dijo Neville a Dorita, “Listo, yo te doy la plata, sube”. Luego, cuando Dorita vio que la platinada cogía el camino hacia La Xona, se animó a protestar, “ay, no, Neville, para allá no, mejor llévame a La Metro, ¿no ves que en La Xona lo filman a uno y hasta tienen un museo?”
-Como así que un museo.
-Te dije que no me interrumpieras, Silvia. Pero okey, te aclaro la cosa: del museo hace parte un zueco del doctor Mejía, el puente de Julio Leones, una pantaleta con el nombre de la Rola bien bordadito, el último calzoncillo que usó el viejo Abraham… Ríete, vergaja, ríete.
-Cómo se ha regado lo del viejo, ¿ah? De nada valió que en su casa trataran de tapar el asunto.
-Te añado un dato: la chica que lo mató tiene, al igual que Dorita, poco cuerpo pero factor x ¡en cantidades!, por algo la llevan sus clientes a La Xona.
-¿Quién es? Dime, anda.
-Más tardecito.
-No seas malo, Quiroz. Ven, dímelo en el oído.
Ay, las mujeres. Se lo dije. Después volví al cuento, a contarle, con pelos y señales… Bueno, sigo acá: A Neville le importó poco el ruego de Dorita. ¿Quería o no quería el jean? ¡Ruunnn! Ya en La Xona, la acomodó y la desacomodó como se le vino en gana, pero dándole a entender de paso que él es de los que se vuelven exigentes, cosa que demostró a cabalidad, más tardecito, llegado el momento…
-Qué dices, reina, ¿le entro?
-Otro día, Neville, porfis.
-Ningún otro día, ya.
-Suave, ¿oíste?, no vayas a... ¡NOOOO!
El grito se oyó en toda La Xona, tan duro que cabía una pregunta, sí, señor: Caramba, ¿será que así le sale el factor x a la muchacha?
-¡NOOOO! 
-¿Por qué te quejas, Silvia?
-Déjate de payasadas, Quiroz. Oye, estoy pensando en algo.
-¿En qué?
-Dorita… ¡es una figurita!
Una figurita, claro, y yo tenía que decidir al instante si le buscaba otro final al cuento… Pues sí, ¡Sí!, y qué carajo, a emprender mi venganza. De modo que me puse a inventar…
Silvia se extrañó:-¿Cómo así? ¿Un vientecito? ¿Le dijo a Neville que la sacara porque se iba a echar un vientecito? Raro que se refinara tanto.
Sin duda. ¿Por qué se me había ocurrido algo así? ¡Qué embarrada!
-Dime, Quiroz, le nació hediondo o qué.
Guardé silencio.
-¿Le nació tan hediondo que Neville no pudo aguantar las ganas de castigarla, de darle su buen totazo?
Entonces, opté por despedirme de mi venganza:-Neville unió a Dorita, Silvia-dije.     
Fin


Simplemente Dádiva
Pasó de esta forma: cierto día, antes de que Débora apareciera, Lucio corrió a la farmacia de la cuadra hecho el espermatozoide campeón, y luego, metido hasta el tope en la misma premura, compró un pote de vaselina… Al final, el pote permaneció oculto debajo de la colchoneta.
-Uy, me estoy maltratando-exclamó Débora, en medio del amor.
-¿Yo?-preguntó Alfonso, en el aire, pues ya le había entrado el gusto.
-No, hombre-musitó Débora, fastidiada-. Hay algo que…-intentó explicar luego, mientras buscaba un mejor sitio donde acomodar su portentoso culo-¡Sí! ¡Sí!...
-¿Todo bien?
-¡Sí! ¡Sí!
Sí: Positivo. Tiempo de gestación: 6 semanas. 
-¿Nombre?
-Dádiva.
-¿Dádiva?
-Dádiva Luz.
-Hoy es el día de los nombre raros; la niñita que registramos oritica salió llamándose Venecia.
-Por la ciudad, ¿no? ¿Se imagina usted esas vacaciones?
-Obvio. Entonces, ¿dejamos a su niñita así?, ¿Dádiva?
-Sí; Dádiva es su nombre.
Dádiva Luz, ese es mi nombre. ¿Simplemente Dádiva?
Fin

viernes, 9 de diciembre de 2011

Un cuento con sabor a chicle ensangrentado...

Una actriz
Mi vida pasa ahora de película en película. ¿Ahora? Qué carajo, digamos que siempre ha sido así, sólo que antes… ¡tiempo pasado! ¿Quieren saber cuál es la única película en la que me he negado a actuar? Presten atención: Mi padre, que fue toda su vida un lameculos, un colombiano ejemplar, según él, me llegó un día con una propuesta que lógicamente me sacó de quicio, ya comprenderán por qué.
-¿Qué pasa?-me preguntó, achicando aún más sus ojos porcinos, esos ojos que por suerte no heredé yo.
-Estoy emputada, viejo-le dije, mascando.
-Bota el chicle, Susana.
-Susana del Socorro, acuérdese.
-Bótalo.
-¿El Socorro? Imposible, me ajusta más que la pantaleta.
Ahí fue cuando me partió la boca. Escupí el chicle, con sangre y todo.
-¿Qué es lo que te choca?
Quise devolverle la cachetada, pero él… Esperen un momento, no tienen por qué condenarme, déjenme decirles que además de ser un lameculos, mi padre era lo que por aquí llaman un cachón conforme. ¿Algo más? Se desquitaba de los cachos que le ponía mi mamá propinándole soberanas palizas a su querida hija: ¿Era yo hija suya? ¿En verdad lo era? ¡Ten!...
Sigo. Papi fue el lameculos y servidor súper súper del doctor Sardi, de quien ustedes seguramente no han oído hablar, de él no, claro que no, pero sí de El Rafaga, ¿ah?, sale ahora en todos los noticieros, como es uno de los Héroes de los Montes de María... ¿Sale hablando de cuántas víctimas? Dice que fueron doscientas, trescientas, cuatrocientas y pico…, se pierde, pero no ha perdido toda la memoria, qué va, se acuerda, por ejemplo, de la gran ayuda que le brindaron el doctor Sardi y sus colaboradores, desde la mismísima alcaldía de mi perro pueblo.
Bueno, no pude cachetear a papi, pero le acomodé un buen escupitajo, que me salió caro, por supuesto…
-¿Qué es lo que te choca?-creí escuchar pasado un rato, en medio de varios zumbidos, pobrecitos mis oídos.
“¿Qué es lo que te choca?”, insistió mi papi, aquel insigne paraco intelectual. Hay asesinos materiales y asesinos intelectuales, ¿no?...
Me levanté como pude.
-¿Entonces, Susana?
-En este pueblo ya no existen los clubes sociales-dije, mirando la puerta, mi salvación-, existen los clubes de asesinos, los de las prepagos y el mío, que es un club de arrechas y viciosas.
A papi se le ensombreció el rostro; después se llevó la mano al pecho…
Proseguí:-No quiero ser “presentada en sociedad”.
-Es necesario, Susana.
-Tendrás que llevarme amarrada. Pretendes que yo asista a la fiestecita esa sólo para que le lamba el culo a la Sardi.
Mi papi intentó decir algo, pero no le salieron las palabras. Se dejó caer en una de las mecedoras:-¡Dios mío!
Le dije que era todo un actorazo, es verdad que se lo dije, y vean lo que se me ocurre  ahora: que de él heredé el talento para actuar-lo tengo, yo sí, pueden jurarlo-, de él el talento para la actuación y de mi madre lo perra, ¡quiero creerlo!
Oh, mis padres acaban de enterarse de que voy hacerles un gran reconocimiento… No me estoy riendo, se los juro. Dirán ustedes que también heredé de ellos los apellidos, y bueno, sí, pero la verdad es que no me gusta recordar que un día pertenecí a la suciedad de mi perro pueblo. ¿Que si va en serio lo del reconocimiento?... ¡Papá!, ¡Mamá!, ya estoy en casa, miren, ¿les gusta mi nombre artístico?… Artístico, sí, cómo les parece, y quiero que lo conozcan también todos mis paisanos, en especial los miembros del Club Social La Inmaculada. Tendrán ustedes que aclararles, obvio, que no soy una meretriz, soy una actriz... ¿Que si va en serio lo del reconocimiento? En marcha, queridos padres, el Salón Olimpo nos espera… ¿Quién llegó, damas y caballeros?
Suxi Sexi Sexo









miércoles, 26 de octubre de 2011

Microcuentos IV

Comparto con todos mi IV lote de microcuentos:
El amante
-Dejé mis lentes en la mesita de noche, lo recuerdo bien… ¡¿Qué diablos le pasó a mis lentes, Rosalba?!
-¿Por qué lo preguntas?
-¡Parece que los hubiera pisado un gorila!
-No exageres, Arturo, te digo que estás exagerando.
El amante II
-¿Saben ustedes qué le pasó a mis lentes, niños?
-No. Cuéntele usted, mamá, usted fue la del grito.
-¿Gritaste, Rosalba? 
-Según mamá cualquiera podría decir que los lentes fueron pisados por un gorila.
-Y como ella gritó. Imagínesela, papá… Suéltame, gorila/que me sueltes, gorila.
El amante III
-Te subiste encima de los lentes, los jodistes y después se te dio por gritar. ¿Qué más quieres explicarme, Rosalba?
-Nada, Arturo; tú lo has dicho todo. Y oigan ustedes, niños: lo del gorila fue un invento mío y de Arturo, de los dos. ¿Quedó claro? Ningún gorila, los lentes no fueron pisados por un gorila.
-¡El gorila, mamá!
-¿Qué? ¿Dónde…? 
Detalles que matan
-¿Algo más?
-Los lentes.
-¿Qué tienen de bueno?
-Se ve usted más intelectual.
-Ya, entiendo. Cuestión  de imagen, ¿no?
-Los detalles pesan, doctor.
-Pesan, ¿y qué más?...
-Ubíquese  frente a la columna, ¿quiere?... Perfecto, así está bien.
Cuestión de método
Se ha enfriado nuestra relación, no hay duda. ¿De qué se reirá? Qué risa tan rara. ¿Burlona mi mujercita? ¿Acaso picara?...
-¿Lees, querida?
-Obvio, ¿no?
-¿Cuestión de método? ¡Tú y tus libros de administración!
-No es un libro de administración.
-¿Ah, no?
-Es de sexo, querido. Capitulo tres: ¿Somos salvajes?...
Ay, carajo, ¿picara o burlona?
La red
No ha sido posible establecer de qué material está hecha. No ha sido posible deshacernos de ella. Nadie puede auxiliarnos, somos un caserío perdido en la inmensa Tierra. La verdad es que ya sólo somos quinientos doce los habitantes aún a salvo, aún libres. ¡Cómo se remueven los Peralta! Y gritan, por supuesto: ¡Sálvennos! ¡Sálvennos de ella! Ni modo, no ha sido posible establecer de qué material está hecha… nadie puede auxiliarnos. Ya sólo somos quinientos diez… ¡Qué atracción, por Dios!...

Muerto de la risa
Fue llevado a un paraje de los Montes de María. Había hablado de entregar todas sus fosas, pensando en lo de la rebaja de penas, obvio. Ocho fosas, precisó. Ubicó cuatro, después desapareció inexplicablemente…
Pasó una semana.
-¿Ya lo capturaron? Que lo traigan entonces.
Pasó un mes.
-Qué dices, Abejón, ¿regresamos?
-Ustedes son los que saben si el cuento es válido o no, coronel.
-Bien. Yo me encargaré del trámite.
La próxima semana más cuentachistes.

martes, 18 de octubre de 2011

Microcuentos III

Comparto con todos mi tercer lote de microcuentos:
Zona de guerra
Alerta: Prohibido mirar al cielo.
El ausente
¿Viaja usted, caballero? No; sólo divago.
Deporte extremo
De: Roco.
Para: Rubio, capitán de Los Atléticos de Bora.
Asunto: Pelotas envenenadas.
El sistema
Claro, señor presidente… Obvio, señor presidente… Pues ya veremos, señor presidente… ¿Que qué?... Imposible… Le digo que es imposible… Por Dios, señor expresidente, usted sabe perfectamente bien cómo funciona el sistema.
El mensajero
-¿Hay noticias de ´´El Halcón´´?
-Sí. Lo siento.
-¿Lo sientes?
-Mucho. Créame que lo siento mucho, capitán.
Mala sangre
No se anden con vueltas. ¿Qué haría yo con esa cosa de encontrarme en el lugar de ustedes? Por si las dudas, recuerden bien que los Vásquez somos  vengativos… Enciéndanla, eso es, y denle, sin mala cara: los Vásquez no sufren de asco.
¿Bailamos?
Ésa fue la señal, entonces lanzamos el cilindro. ¡La bomba!, ¡La bomba!, se oyó.  Sabían lo del baile, ¿por qué no huyeron?

Artesanías colombianas
La idea se le ocurrió a ´´La Karen´´: Que cada quien traiga su macetera. Y ella misma fue la estricta: Cada quien tiene que  plantarse al frente de su propia cosa… Su cosa, sí. ¡Qué cosas tan pesadas!
Una auténtica ráfaga
El estadero Mico Rojo de la vereda Los Turpiales, que alguien cantó dijo ``El caballo``, ¿quién fue el sapo?, imposible saberlo con exactitud, ¿acaso el viejo de aquella mesa?, ¿acaso el tipo del rincón?, ¿acaso la parejita bailadora?, ¿acaso los pelaos de los trompos?, imposible saberlo.
Motel ´´Todos los fuegos´´
¿Cómo así que hay dos parejas en la habitación 69?
Un periódico de ayer
´´Viene a saberse ahora, gracias a la investigación llevada a cabo por el grupo de veedores, que los honorables concejales han estado recibiendo dádivas de los señores contratistas desde antes de la aprobación del proyecto. ¡DENUNCIE, NO SE QUEDE CALLADO!´´
Adioses
Cuando quieras, tú verás/Preocúpate por ti, cariño/No hay tiempo, son tantas cosas/Un día de éstos, obvio/Comprendo, tienes que colgar/No estás bien abrigada, ponte mí camisa/Dilo, no hay problema/No es ninguna molestia, yo lo haré/Lo tendrás presente, te creo…

martes, 4 de octubre de 2011

Microcuentos II

Comparto con todos mi segundo lote de microcuentos:
La posada
Asegúrense de cerrar muy bien la puerta: es una suerte que nuestro fantasma haya olvidado con los años algunos de sus poderes.
Nadie es eterno en el mundo
¡Mentía, imbéciles!, exclamó, arrojando lejos la pesada lápida.
Asesino colombiano
¿¡Pum! o ¡Bang!? Qué risa.
Telenovela
-¿Te gustó el final?
-Sí… Ay, no, no…
-¿No? Pero si acabaron junticos, amor.
-Sácala, ¿quieres?... ¡Sácala, carajo!
Noticia
Publicada por El Marciano: ¡Estalla bomba en La Tierra! Incalculable el número de víctimas.
Suceso
¡Descuartizado por su mujer en la mismísima cama de matrimonio!
Nota: Las autoridades no pudieron encontrar el miembro de la víctima.
El economista nacional
Mi recomendación, my friends, y créanme que estoy muy lejos de ser un chauvinista, es la siguiente: Vendan Bolivia.
-Para luego…
-Comprar Colombia, por supuesto.
Nota: El anterior microcuento está basado en un artículo publicado por el economista Juan Manuel Santos, hoy presidente de Colombia.

Microcuentos

Comparto con todos mi primer lote de microcuentos:
El vampiro enamorado
Sí, lo confieso: El muy malvado me hace llorar lágrimas de sangre.  
El suicida
Su nota resultó poco conmovedora: Tú no vales un plomo que yo dispare para matarte.
El amante erguido
¿Ahora? ¿Ahora sí? ¿Por qué ahora, imbécil? ¡Come mierda!
¿Lapsus?
He visto las profundidades de la tierra… Corrijo: de tu corazón, mi vida, de tu corazón.
Adorada estufa
¡Me mata el doctorcito con sus cosas!, exclama la sirvienta, apretando contra su pecho la sucia hoja de cuaderno: Olvidarte no puedo/tienes encendido de nuestro amor el fuego…
Anal
-Anda, amor, cepíllate los dientes.
-Qué chistoso eres.
-¿Sí?
-¡Perro!
La secretaria
-¿Algo más, doctor?
-Una advertencia: En adelante puedes pedirme aumento de sueldo siempre que se te antoje.